Hubo un tiempo en que decidí apartar la ilusión a un lado, borrar la esperanza de mi vida y tachar los sueños de mi lista diaria. Pensé que el pesimismo es la mejor arma contra la decepción, el mejor pañuelo para secar mis lágrimas y la manera idónea para continuar adelante.
Luego opté por olvidar la idea anterior porque me di cuenta de que así no quería vivir.
Puede que la ilusión, la esperanza, los sueños y la locura me lleven a tropezar y caer una y otra vez, pero esos son los pequeños detalles por los que merece la pena seguir caminando

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